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El texto, antes de entrar de lleno al tema de sus propiedades, es la unidad total y máxima de comunicación. Puede ser un enunciado o un conjunto de enunciados con sentido unitario, producido en un contexto específico y con una determinada organización sintáctica.

Todo texto funciona dentro de un contexto. Una sola palabra puede ser texto, por tanto, la extensión no es pertinente en su constitución. En efecto, dos grandes lingüistas del texto, W. Dressler y R. de Beaugrande, establecieron que producirlo implica el cumplimiento de ocho principios:

Tres son de carácter lingüístico (pilares de la textualidad):

  • Cohesión: hace referencia a la ESTRUCTURA SINTÁCTICA del texto. Es el principio clave que, de alguna forma, regula la disposición de los componentes de un texto. La cohesión de un texto viene dada por el nivel léxico y el nivel morfosintáctico. Estos se manifiestan en la superficie textual. Las unidades lingüísticas están dispuestas de manera que se relacionan entre sí a través de una serie de mecanismos de concordancia. Toda palabra tiene que estar preparada para contribuir a la cohesión textual. Un texto es una sucesión de unidades lingüísticas ordenadas.
  • Coherencia: hace referencia a la ESTRUCTURA SEMÁNTICA. Es la continuidad de sentido que deriva de la marcha que el texto produce en su desarrollo. Cuando se trata de significados o sentidos estamos en el campo de la coherencia. Ésta regula que las distintas ideas del texto sean compatibles entre sí, que en su conjunto forme un sentido aceptable. La coherencia afecta a la estructura profunda del texto, que está mediatizada por la semántica y la pragmática. (El léxico, la morfosintaxis, la semántica y la pragmática son los cuatro niveles lingüísticos de la lengua).

  • Adecuación: (tiene que ver con la ESTRUCTURA COMUNICATIVA). Propiedad del texto que tiene en cuenta las características de “ESA” comunicación concreta:
  • Tener en cuenta el receptor a quien se dirige.
  • Que haya un objetivo claro (contar, explicar, persuadir,  conmover) y que se utilicen los medios adecuados para su consecución.
  • Utilizar el registro apropiado. (Vocabulario y sintaxis).

Tanto la coherencia como la cohesión son imprescindibles para la aceptabilidad de un texto. Una sin la otra no tiene razón de ser. Por mucha cohesión que tenga un texto, si carece de coherencia, no es aceptable.

Dos son de carácter psicolingüístico:

  • Intencionalidad: junto con la aceptabilidad, conforma el grupo de principios textuales psicolingüísticos. Se corresponde con la actitud que adopta el creador del texto para abordar unos objetivos que se ha propuesto al elaborar una unidad cohesiva y coherente. Todo texto es resultado de una intención deliberada. Estos propósitos hacen, en gran medida, que el texto se acepte. Es decir, la no coherencia o mala cohesión puede ser válida si la intencionalidad la justifica. Pero la intencionalidad tiene un límite. No cualquier texto (sin sentido) puede ser aceptable por la intención del productor textual. Muchos textos poéticos no tienen sentido o están mal cohesionados, pero este desorden se justifica por la intención del emisor, que no es otra que la de innovar, impactar (crear connotaciones).
  • Aceptabilidad: Se corresponde con la actitud del receptor del texto al aceptar una determinada configuración del texto como coherente y cohesivo. El receptor, al aceptar un texto, observa que es eficaz, efectivo y adecuado (se adopta a unas circunstancias determinadas). Por ejemplo, si este texto formara parte del temario de segundo de primaria, éste no sería adecuado ni, por lo tanto, aceptado. El receptor es un ente activo que participa en la comunicación hasta el punto de que si no acepta el discurso, éste no tiene ninguna validez. Constituye, en el mundo de la textualidad, un juez que sanciona lo que lee. Mientras sigamos teniendo la idea de que la creación del texto infiere solamente en el productor textual, seguiremos incurriendo en un gravísimo error. El emisor, por tanto, debe pensar continuamente a quién se dirige el texto para que sea válido.

Dos son de carácter sociolingüístico:

  • Situacionalidad: este principio sociolingüístico nos explica que la información de un texto, además de ser coherente, aceptable e informativo, debe estar ceñido a unas variables de la realidad extralingüística. Los factores que forman esta situación van desde espacio, tiempo y canal, hasta el tipo de receptor y emisor. Por ejemplo, los textos de la edad media española no podrían ser aceptables en la época actual en China o viceversa. Lo que en España hoy es noticia, no tiene porqué serlo en Sudáfrica. Los temas no sólo están motivados por el tiempo y el espacio sino también por los receptores y los emisores. Dependiendo de cómo y quién sea el emisor, se escribirá sobre una cosa u otra, o de una manera u otra. El texto va haciéndose según piense el emisor que el receptor va a reaccionar.
  • Intertextualidad: este principio también sociolingüístico advierte de que todo texto depende y es resultado de otros textos anteriores. La textualidad depende en gran medida de lo establecido con anterioridad, y no está reñido con la informatividad ni con la creatividad. Es totalmente compatible.

Uno es de carácter computacional:

  • Informatividad: este principio tiene carácter computacional y tiene que ver con el grado de novedad, imprevisibilidad, que aporta el texto a los receptores. Todos los mensajes no son igual de informativos. Cuanto menos esperada es la información que aporta, más informativo será. Si de antemano sabemos que el mensaje que vamos a trasmitir ya se conoce, no lo emitiremos. La informatividad no atañe solo al contenido sino también a la forma. Además, hace que el texto sea más o menos valioso.
El grado de importancia que tienen la cohesión y la coherencia no implica que se obvien los demás principios. Están implicados entre sí. Son propiedades que se requieren mutuamente.
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